Crónicas de oficina donde el café no es lo único que hierve.
¿Quien no ha sido testigo de las broncas y peleas de un compañero o compañera en la oficina?, gritos, habladas y más, y uno de espectador desde el escritorio. Vamos allá.
Estas son algunas de las batallas más recordadas del historial bélico de Toñito.
La guerra con Don Lazarito, el señor de la limpieza.
Don Lazarito era un señor mayor, encargado de la limpieza del edificio.
El problema era que, según Toñito, su rutina laboral consistía en tres actividades principales:
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Dormir.
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Dormir sentado.
-
Dormir parado, apoyado en la escoba.
Un día, después de varios roces, ocurrió el famoso encontronazo, dimes y diretes después de lo cuál, Don Lazarito fue a buscar a un encargado.
Minutos después, Don Lazarito apareció acompañado de un encargado.
—Ahí está —dijo Don Lazarito señalando a Toñito—. A ver, dígale.
El encargado miró a Toñito.
—¿Qué pasó?
Toñito, fiel a su estilo, no se guardó nada.
—Pues que el señor se la pasa dormido en lugar de limpiar.
Don Lazarito se defendió como pudo:
—¡No es cierto! ¡Lo que pasa es que usted llega tarde a abrir la oficina y por eso se atrasa todo!
Jorgito recuerda que el ambiente se puso tenso.
Y Toñito, aunque peleonero, tampoco quería cargar con un infarto en su historial.
Así que simplemente dijo:
—Bueno… ya déjelo así.
Primera guerra godín: suspendida por posible chiripiorca.
El incidente del diablo con Isabel.
Esta pelea es una de esas historias que nadie vio completa, pero todos conocen el final.
Según cuentan, Isabel llegó con tono de mando:
—Oye, necesito que me prestes el diablo.
Toñito levantó la mirada.
—¿Perdón?
—Que me lo prestes.
—¿Y tú quién eres para ordenarme?
Ahí empezó el intercambio.
—¡Mi jefa lo quiere!
—¡Que venga tu jefe a pedirlo!
—¡No es tuyo!
—¡Ni tuyo!
El final fue diplomático en el sentido más godín del término:
La disputa del diablo quedó registrada en el recuerdo como la pelea más absurda de la oficina.
El caso del recado olvidado con Gusanita.
Un día, el teléfono sonó.
Toñito contestó.
—Oficina.
Era un recado para Gusanita.
Días después, Gusanita apareció con cara de tormenta.
—¿Que te dejaron un recado para mí?
Toñito pensó unos segundos.
—Ah… sí. Perdón, se me olvidó.
Silencio incómodo.
—¿Y por qué no me lo diste?
Ahí empezó la guerra.
—Porque se me olvidó y además, no soy mensajero de nadie.
—¡Te caigo mal y por eso no me dijiste!
—Para la otra estate en tu lugar y contesta tú.
—¡Le voy a decir a la jefa!
—¡Dile a quien quieras!
Los dimes y diretes volaron como papeles en ventilador.
Jorgito, desde su escritorio, solo pensó:
"Todo esto por un recado."
La secretaria macheteadora.
Esta historia tiene uno de los finales más surrealistas del archivo godín.
Toñito fue enviado a entregar unos listados.
Llegó con la secretaria de una directora.
—Me dijeron que trajera estos listados.
La secretaria ni volteó.
—Ahorita no.
—Me dijeron que los entregara.
—Te dije que ahorita no.
—Pues te los dejo.
—Hasta que yo quiera recibirlos.
Error.
Toñito dejó caer los listados en el escritorio.
—Ahí te los dejo.
Y se fue.
Pero el asunto no terminó ahí.
Minutos después, cuando Toñito ya salía del edificio, la secretaria lo alcanzó.
—¿Por qué me aventaste los listados?
—Porque no te voy a estar esperando.
—¡Le voy a decir a la directora!
—Dile a quien quieras.
Y entonces vino la frase que nadie esperaba.
—¡Le voy a hablar a unos primos que tienen machetes!
Toñito no se inmutó.
—Pues háblales.
La guerra terminó ahí y hasta hoy, nadie sabe si los primos existían.
La guerra con el gordo jerárquico.
El motivo exacto del conflicto se perdió en la memoria institucional, pero lo que sí quedó registrado fue la frase histórica.
El gordo dijo:
—¿Dónde se ha visto que las gallinas de abajo caguen a las de arriba?
La oficina quedó en silencio.
Toñito respondió sin pensarlo:
—¿Y dónde dice que no se puede?
El ambiente se electrificó.
Por unos segundos, todos pensaron que se iban a agarrar a chingazos.
Pero al final quedó en intercambio verbal.
Y otra batalla más para el expediente.
Conclusión.
Toñito no busca problemas.
Pero en la oficina, los problemas parecen tener un GPS con su nombre.
Entre señores de limpieza, secretarias, compañeras, jerarquías dudosas y diablos prestados, su historial es largo.
Jorgito lo observa todo desde su escritorio, galletas en mano, y ha llegado a una conclusión muy clara:
En la vida godín hay dos tipos de personas:
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Los que evitan conflictos.
-
Toñito.
Y gracias a eso, la oficina nunca es aburrida.
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