domingo, 3 de mayo de 2026

Home office híbrido: ni en casa ni en la oficina (pero igual de cansado).









¿Será o no será?, dicen que si, dicen que no, la verdad es que ya no sabemos, pero hubo un tiempo en el que trabajar desde casa sonaba a sueño.

Despertarte más tarde.
Evitar el tráfico.
Trabajar en pijama.

La vida perfecta.

Hasta que llegó el “home office híbrido”.

La promesa que sonaba bien.

Cuando lo anunciaron, todo parecía justo:

“Van a venir solo algunos días a la oficina…”
“Es para mantener el equilibrio…”
“Lo mejor de ambos mundos”

Claro.

El problema es que nadie explicó cuáles eran esos mundos.

El híbrido versión godín.

Porque en teoría trabajas desde casa…
pero en la práctica:

  • Tienes juntas a las 8:00 a.m. (desde casa)
  • Pero debes ir a la oficina a las 9:00
  • Solo para conectarte a otra junta… desde tu computadora

Con gente que tampoco está ahí.

Toñito: el que ya no sabe dónde vive.

Toñito tiene dos versiones de sí mismo:

  • El Toñito de casa (en pants, medio despierto)
  • El Toñito de oficina (modo “sí, claro, lo reviso”)

El problema es que ahora tiene que ser ambos… el mismo día.

Jorgito: el que entendió todo desde el inicio.

Jorgito ya no se emociona.

“Eso de híbrido es solo para que no te quejes tanto.”

Y no está tan equivocado.

La oficina… para hacer lo mismo.

Llegas.

Te sientas.

Enciendes tu computadora.

Abres «X», abres Youtube.

Checas tiquets (aunque solo resuelves uno que otro de vez en cuando).

Respondes correos.

Exactamente lo mismo que harías en tu casa, pero aquí, con pantalón incómodo y tu café medio bueno.

El mito de la colaboración.

Uno de los argumentos favoritos:

“Es para fomentar la colaboración”

Pero la realidad es:

  • Cada quien con audífonos.
  • Cada quien en su mundo.
  • Cada quien en una llamada distinta.

Colaboración… pero en silencio.

El desgaste que nadie menciona.

Lo que no te dicen del modelo híbrido es esto:

No descansas igual en casa, ni rindes igual en la oficina.

Porque nunca estás completamente en uno solo.

Siempre estás a medias.

En casa siempre hay algo que hacer (dicen algunos) pero también hay que trabajar, entonces, de repente haces un poco de ambos y al final a veces, no avanzas en nada.

La ilusión de flexibilidad.

Te dicen que es flexible.

Pero tú sabes que no lo es tanto.

Porque al final:

  • Hay días “obligatorios”.
  • Hay horarios implícitos.
  • Y hay expectativas que nadie dice… pero todos sienten.

El nuevo tipo de cansancio.

Antes te cansabas por el trabajo.

Ahora te cansas por adaptarte todo el tiempo.

A cambiar de lugar.
A cambiar de ritmo.
A cambiar de versión de ti.

Para cerrar (porque esto apenas empieza).

El home office híbrido no es el problema.

El problema es creer que es más fácil.

Porque no es ni casa, ni oficina…

Es una mezcla rara donde trabajas igual, pero te cansas diferente.

Y mientras tanto…

Sigues pensando que mañana vas a organizarte mejor.

Que ahora sí vas a aprovechar el tiempo.

Que ahora sí todo va a fluir.

Pero ya sabes cómo termina eso, ni una cosa ni la otra.

Aunque particularmente, prefiero trabajar desde casa. ¿Y tú?

sábado, 18 de abril de 2026

Días de descanso: cuando todos sabemos que no se trabaja… pero nadie lo confirma.

¿Sabes?, hay algo muy curioso en la vida godín.

Todos sabemos que hay días en los que no se trabaja. Está en la ley. Está en el calendario. Está en la memoria colectiva.

Y aun así…

Nadie dice nada.

El misterio del descanso oficial.

Es lunes por la mañana, faltan pocos días para ese “puente” que todos sabemos que existe.

Pero en la oficina… silencio.

Nadie lo menciona abiertamente.

Hasta que aparece el primero.

“Oigan… ¿sí vamos a descansar el viernes, verdad?”.

Y ahí empieza todo.

Radio pasillo entra en acción.

No pasan ni 10 minutos cuando ya hay versiones distintas:

  • “Es que nadie ha dicho nada”
  • “Según yo sí, pero no han mandado correo”
  • “Dicen que lo están revisando”

¿Revisando qué? Si es un día oficial, no es opcional, no es sugerencia, no es “a ver si se puede”.

Pero en la oficina… parece que sí.

Toñito: el optimista cauteloso.

Toñito ya hizo planes, ya hasta compró carne para la carnita asada del viernes. Pero no dice nada en voz alta. Porque sabe que en cualquier momento puede salir el clásico:

“Sí se descansa… pero necesitamos que algunos vengan.”

Y ese “algunos” siempre se siente muy personal.

Jorgito: el que no confía en nadie.

Jorgito no cree en rumores.

Jorgito quiere pruebas.

“Hasta que no vea el correo, yo sí vengo.”

Pero tampoco viene, solo que no lo admite.

El correo que nunca llega (hasta que ya no importa).

Pasan los días.

Miércoles… silencio.
Jueves… tensión.

Y finalmente, el jueves a las 6:47 p.m., cuando ya todos están mentalmente desconectados, llega el correo:

“Se les informa que el día viernes será considerado como día de descanso…”

Gracias.

Ahora todos pueden relajarse, no antes de que Toñito lance su clásica mirada de «Ya saben que siempre lo dan, pero tienen que hacerle a la payasada»… oficialmente, ¡si se descansa!

Los días NO oficiales: el verdadero caos.

Pero donde realmente se pone bueno… es con los días que no son oficiales.

Ahí no hay ley.
No hay calendario.
Solo esperanza… y chisme.

Las teorías conspirativas godín.

Empiezan los rumores:

  • “Dicen que lo van a dar”
  • “Dicen que solo a las mujeres”
  • “Dicen que depende del área”
  • “Dicen que el año pasado sí lo dieron”

¿Fuente?, Radio pasillo, siempre.

La ilusión colectiva.

Aquí nadie confirma nada… pero todos actúan como si fuera probable.

Se empieza a sentir en el ambiente:

  • Menos ganas de trabajar
  • Más conversaciones en voz baja
  • Más pestañas abiertas que no tienen nada que ver con Excel

Porque claro, ¿para qué avanzar mucho si igual mañana no se trabaja?

(Spoiler: sí se trabaja, aunque no falta el que faltará de todos modos).

El momento incómodo.

Alguien se atreve a preguntar:

“Oye, ¿sí van a dar el día?”

Y la respuesta es ese clásico:

“Aún no tenemos información.”

Respuesta que no dice nada. ¿Traducción?:

No, no se dará el día (Pero no queremos decirlo todavía).

La resignación silenciosa.

Llega el día.

Todos conectados.
Todos presentes.
Todos decepcionados.

Pero nadie lo dice.

Solo se escucha, en algún rincón:

“Yo sabía…”

Mentira.

Tenías fe.

La verdad que nadie quiere aceptar.

En la vida godín, no basta con que algo sea obvio, tiene que ser comunicado, autorizado, respaldado por un correo con copia a medio mundo.

Porque hasta que no está por escrito…

No existe.

Para cerrar (porque esto nos ha pasado a todos).

No importa cuántos años lleves trabajando.

Siempre vas a caer en lo mismo:

  • Esperar confirmación de lo obvio.
  • Creer en rumores sin fundamento.
  • Y tener fe en un descanso que probablemente no llegará.

Pero eso sí…

Cuando finalmente lo confirman, aunque ya lo sabías desde el inicio…

Se siente como victoria.

¿Te suena familiar?

Entonces probablemente también te ha pasado esto:

Creer que mañana sí vas a ser productivo… pero terminas posponiendo todo, y seguramente alguien a tu espalda está murmurando que eres un cabrón huevón, no lo dudes.



miércoles, 1 de abril de 2026

Semana Santa en la vida godín: ¿descanso espiritual o ilusión corporativa?


Si eres godín de tiempo completo igual que Jorgito, sabes que el año laboral no se mide en meses… Se mide en puentes, quincenas y días festivos que no siempre son festivos.

Y entre todos ellos, hay uno que brilla con luz divina (o al menos eso creemos):

La Semana Santa.

Pero… ¿realmente es descanso? ¿O es otro espejismo patrocinado por Recursos Humanos?

¿Qué significa Semana Santa para un godín?

Para la gente normal: reflexión, vacaciones, familia.

Para un godín promedio: Una mezcla de esperanza, confusión y correos pendientes.

Porque en el mundo corporativo y de Gobierno en México, Semana Santa puede significar:

  • “Sí descansas… pero solo jueves y viernes”.
  • “Puedes faltar… pero deja todo adelantado”.
  • “No trabajas… pero estás disponible por si algo ‘urgente’ pasa”.

Traducción:

No estás trabajando… pero tampoco estás libre.

Los 3 tipos de godín en Semana Santa.

1. El ilusionado.

Desde enero ya está preguntando:

“Oye, ¿sí nos van a dar toda la semana?”

Spoiler: no.

Pero aún así pide días, se organiza… y termina trabajando el miércoles hasta las 10 pm.

2. El resignado.

Ya sabe cómo funciona esto.

No pregunta.
No espera.
Solo acepta su destino y dice:

“Al menos son dos días…”

Este godín ha visto cosas.

3. El desconectado (nivel leyenda).

Logra desaparecer completamente.

No contesta correos.
No responde WhatsApp.
No aparece en Teams.

Y el lunes regresa como si nada:

“Ay, no vi nada, estaba fuera de la ciudad.”

Este es el verdadero iluminado.

Los “beneficios” godín de Semana Santa.

Porque sí… en teoría hay beneficios.

1. Mini descanso mental.

Dos días pueden no parecer mucho, pero en modo godín equivalen a:

“reiniciar el alma… ligeramente”.

2. Menos tráfico (milagro moderno).

La ciudad se vacía y por fin experimentas:

llegar al trabajo en menos de una hora.

Una experiencia casi espiritual.

3. Oficinas fantasma.

Si te toca trabajar, al menos pasa esto:

  • Menos juntas inútiles.
  • Menos jefes vigilando.
  • Más chance de “hacer como que trabajas”.

4. Home office “flex espiritual”.

Algunas empresas aplican el clásico:

“Está bien, trabajen desde casa… pero pendientes”

Lo cual significa:

  • Estás en pijama.
  • Pero con ansiedad corporativa activa.

La cruda realidad (que nadie te dice).

Semana Santa en la vida godín no es descanso completo.

Es más bien:

una pausa controlada donde descansas… pero con culpa.

Porque siempre existe:

  • El pendiente que dejaste.
  • El correo que ignoraste.
  • El jefe que “seguro va a escribir”.

Reflexión godín (porque también somos profundos).

Semana Santa debería ser para desconectar, pero el sistema godín nos ha entrenado para:

sentir ansiedad incluso cuando descansamos.

Así que si este año tienes aunque sea un par de días libres:

  • No abras el correo.
  • No revises Teams.
  • No “solo cheques rapidito”.

Haz algo radical…

Descansa de verdad y que chingue a su madre la chamba por lo menos un par de días.

Conclusión: el verdadero milagro godín.

El verdadero milagro de Semana Santa no es tener vacaciones.

Es lograr esto:

Estar libre… y sentirte libre.

Y tú…

¿Qué tipo de godín eres en Semana Santa?

  • ¿El que pide días?
  • ¿El que trabaja resignado?
  • ¿El que desaparece como ninja corporativo?
  • ¿O El barbero del jefe que promete estar al pendiente?

Te leo en los comentarios… si es que no estás “fuera de la oficina”.




sábado, 7 de marzo de 2026

Las guerras godineras de Toñito.

Crónicas de oficina donde el café no es lo único que hierve.

¿Quien no ha sido testigo de las broncas y peleas de un compañero o compañera en la oficina?, gritos, habladas y más, y uno de espectador desde el escritorio. Vamos allá.

En toda oficina existe al menos un personaje que no busca problemas… pero tampoco los esquiva. Ese personaje, en nuestra oficina, es Toñito.

Toñito no es un hombre violento, o bueno, no tan violento. Es más bien un hombre con poca tolerancia a la estupidez laboral, lo cual, en el mundo godín, equivale prácticamente a tener una carrera en conflictos diplomáticos.

Jorgito ha sido testigo de varios de esos episodios, algunos memorables, otros absurdos, todos completamente godínez.

Estas son algunas de las batallas más recordadas del historial bélico de Toñito.


La guerra con Don Lazarito, el señor de la limpieza.

Don Lazarito era un señor mayor, encargado de la limpieza del edificio.

El problema era que, según Toñito, su rutina laboral consistía en tres actividades principales:

  1. Dormir.

  2. Dormir sentado.

  3. Dormir parado, apoyado en la escoba.

Un día, después de varios roces, ocurrió el famoso encontronazo, dimes y diretes después de lo cuál, Don Lazarito fue a buscar a un encargado.

Minutos después, Don Lazarito apareció acompañado de un encargado.

—Ahí está —dijo Don Lazarito señalando a Toñito—. A ver, dígale.

El encargado miró a Toñito.

—¿Qué pasó?

Toñito, fiel a su estilo, no se guardó nada.

—Pues que el señor se la pasa dormido en lugar de limpiar.

Don Lazarito se defendió como pudo:

—¡No es cierto! ¡Lo que pasa es que usted llega tarde a abrir la oficina y por eso se atrasa todo!

Jorgito recuerda que el ambiente se puso tenso.

Toñito ya estaba listo para responder… pero en ese momento Don Lazarito empezó a agitarse visiblemente, como si estuviera a punto de darle algo.

Y Toñito, aunque peleonero, tampoco quería cargar con un infarto en su historial.

Así que simplemente dijo:

—Bueno… ya déjelo así.

Primera guerra godín: suspendida por posible chiripiorca.


El incidente del diablo con Isabel.

Esta pelea es una de esas historias que nadie vio completa, pero todos conocen el final.

El objeto del conflicto: un diablo, sí, de esos para cargar cajas.

Según cuentan, Isabel llegó con tono de mando:

—Oye, necesito que me prestes el diablo.

Toñito levantó la mirada.

—¿Perdón?

—Que me lo prestes.

—¿Y tú quién eres para ordenarme?

Ahí empezó el intercambio.

Las voces subieron de volumen, los testigos empezaron a voltear.

—¡Mi jefa lo quiere!

—¡Que venga tu jefe a pedirlo!

—¡No es tuyo!

—¡Ni tuyo!

El final fue diplomático en el sentido más godín del término:

—¡Vete al carajo!

—¡Tú también!

La disputa del diablo quedó registrada en el recuerdo como la pelea más absurda de la oficina.


El caso del recado olvidado con Gusanita.

Un día, el teléfono sonó.

Toñito contestó.

—Oficina.

Era un recado para Gusanita.

Toñito lo anotó… y luego lo olvidó.

Días después, Gusanita apareció con cara de tormenta.

—¿Que te dejaron un recado para mí?

Toñito pensó unos segundos.

—Ah… sí. Perdón, se me olvidó.

Silencio incómodo.

—¿Y por qué no me lo diste?

Ahí empezó la guerra.

—Porque se me olvidó y además, no soy mensajero de nadie.

—¡Te caigo mal y por eso no me dijiste!

—Para la otra estate en tu lugar y contesta tú.

—¡Le voy a decir a la jefa!

—¡Dile a quien quieras!

Los dimes y diretes volaron como papeles en ventilador.

Jorgito, desde su escritorio, solo pensó:

"Todo esto por un recado."


La secretaria macheteadora.

Esta historia tiene uno de los finales más surrealistas del archivo godín.

Toñito fue enviado a entregar unos listados.

Llegó con la secretaria de una directora.

—Me dijeron que trajera estos listados.

La secretaria ni volteó.

—Ahorita no.

—Me dijeron que los entregara.

—Te dije que ahorita no.

—Pues te los dejo.

—Hasta que yo quiera recibirlos.

Error.

Toñito dejó caer los listados en el escritorio.

Ahí te los dejo.

Y se fue.

Pero el asunto no terminó ahí.

Minutos después, cuando Toñito ya salía del edificio, la secretaria lo alcanzó.

—¿Por qué me aventaste los listados?

—Porque no te voy a estar esperando.

—¡Le voy a decir a la directora!

—Dile a quien quieras.

Y entonces vino la frase que nadie esperaba.

—¡Le voy a hablar a unos primos que tienen machetes!

Toñito no se inmutó.

—Pues háblales.

La guerra terminó ahí y hasta hoy, nadie sabe si los primos existían.


La guerra con el gordo jerárquico.

En otra ocasión llegó a la oficina un sujeto de mayor jerarquía, Un gordo para variar, hermano de otro gordo.

El motivo exacto del conflicto se perdió en la memoria institucional, pero lo que sí quedó registrado fue la frase histórica.

El gordo dijo:

—¿Dónde se ha visto que las gallinas de abajo caguen a las de arriba?

La oficina quedó en silencio.

Toñito respondió sin pensarlo:

—¿Y dónde dice que no se puede?

El ambiente se electrificó.

Palabras fueron.
Palabras vinieron.

Por unos segundos, todos pensaron que se iban a agarrar a chingazos.

Pero al final quedó en intercambio verbal.

Y otra batalla más para el expediente.


Conclusión.

Toñito no busca problemas.

Pero en la oficina, los problemas parecen tener un GPS con su nombre.

Entre señores de limpieza, secretarias, compañeras, jerarquías dudosas y diablos prestados, su historial es largo.

Jorgito lo observa todo desde su escritorio, galletas en mano, y ha llegado a una conclusión muy clara:

En la vida godín hay dos tipos de personas:

  1. Los que evitan conflictos.

  2. Toñito.

Y gracias a eso, la oficina nunca es aburrida.




jueves, 29 de enero de 2026

Remodelación temporal (traducción: ya valió).

Manual práctico para que el godín entienda que ya no regresa.

Si alguna vez en tu vida laboral alguien te dice:

“Es un cambio temporal”.

no preguntes cuántos díaspregunta qué día vas a dejar de existir en el organigrama.

Eso fue exactamente lo que le pasó a Jorgito y compañía.

Capítulo 1: El anuncio que nadie pidió.

Fabirú, el jefe que cayó del cielo como error administrativo, apareció con su sonrisa de “yo tampoco pedí este puesto” y soltó la bomba:

“Van a remodelar el área”.
“Pero tranquilos, son tres días.

Tres días.
La mentira más vieja del mundo corporativo, justo después de “te hablamos”.

Jorgito entendió inmediatamente que esos tres días venían medidos en meses fiscales, Toñito entendió que algo iba a salir mal, Marianela entendió que había que pelear y Taraceli no entendió nada, pero ya estaba encabronada.

Capítulo 2: La inflación godín del tiempo.

Al tercer día, Fabirú aclaró:

“Bueno… una semana”.

A la semana:

“Máximo dos, eh”.

Para la segunda semana, Radio Pasillo ya había publicado su boletín especial:

  • “Los de Jurídico llevan un mes fuera”

  • “A los de del pasillo de allá, ya les reasignaron lugar”

  • “Ya quitaron los contactos del área vieja”

Jorgito empezó a aceptar que su antiguo lugar tendría nuevo dueño, Toñito empezó a planear discusiones imaginarias, Marianela ya estaba en modo revolución y Taraceli seguía diciendo que no le gustaba el nuevo espacio, mientras pensaba como bloquear la visión hacia su monitor para que nadie se de cuenta de que solo se la pasa viendo videos y páginas de compras.

Capítulo 3: El área maldita.

El destino final tenía una falla estructural: EL WEY ESE.

Un tipo alto, de edad confusa, con alma de supervisor frustrado y mirada juzgadora de mingitorio.

Ya había antecedentes con Toñito:

  • Comentarios innecesarios.

  • Gestos de asco.

  • Silencios pasivo-agresivos frente al espejo.

«EL WEY ESE» lanzando actitudes y expresiones indirectas en el baño.
“Al baño vienen todos” —respondía Toñito—, “Si no te gusta, que te hagan uno privado”.

O sea, Diplomacia nivel Naciones Unidas, pero con jabón líquido barato, o mejor dicho, sin jabón en el baño.

Capítulo 4: El frente guerrillero.

Marianela entró en modo “esto es una injusticia histórica”.
Preguntó todo.
Cuestionó todo.
Se quejó con fundamentos.

Porque Marianela es guerrillera… pero sí trabaja.

Y luego estaba Taraceli.

Taraceli es guerrillera también, pero sin la parte útil.

“Yo no sé trabajar”.
“Eso no me corresponde”.
“A mí nadie me explicó”.

Taraceli no sabía, nunca sabía y curiosamente, nunca aprendía.

Capítulo 5: Liderazgo de cartón.

Fabirú seguía firme, como buen barbero:

“Pues ya ni modo”.
“Hay que adaptarse”.
“Es lo que hay”.

El mismo Fabirú que:

  • Inició el rumor.

  • Nunca confirmó nada.

  • Nunca defendió a nadie.

Un líder nato… de sí mismo.

Y encima de todo el puto desmadre, El Míster.

Director.
Conocedor del sistema.
Desconocedor absoluto del presupuesto, la logística y la realidad.

“Es que nos dijeron que ahí ” —decía para convencerlos del cambio.
“Yo ya hice movimientos en el sistema” —aunque nadie supiera cuáles y aún sabiendo que le estaba dando en la madre a algo.

Hace.
Deshace.
No resuelve.

Pero su tono es mamoncillo, así que cuenta como liderazgo.

Epílogo: La verdad absoluta.

Jorgito lo entendió todo cuando escuchó que Fabirú dijo: «Que ya nos podemos empezar a cambiar», sabe que no será una remodelación... Será un exilio administrativo... pero eso los demás no lo entienden.

Porque en el mundo godín:

  • Temporal significa “hasta que te acostumbres”.

  • Provisional significa “para siempre”.

  • Ya ni modo es la política institucional.

Jorgito suspiró.
Toñito apretó los dientes.
Marianela siguió luchando.
Taraceli siguió sin saber.

Fabirú…
Fabirú quedó bien con todos, excepto con la verdad el muy cabrón.

Y El Míster...
Ese Míster que solo recorre los pasillos para hacerse pendejo, preguntar pendejadas para que crean que sabe y pensar en como resolver algo y si no puede, aventarle el pedo a Jorgito.

¡VIVA EL MUNDO GODÍN!

Home office híbrido: ni en casa ni en la oficina (pero igual de cansado).

¿Será o no será?, dicen que si, dicen que no, la verdad es que ya no sabemos, pero hubo un tiempo en el que trabajar desde casa sonaba a sue...