miércoles, 15 de julio de 2026

Cuando el café Godín ya no sabe igual.

Los cambios silenciosos en la vida Godín.

Hay cosas que uno nota en la oficina aunque nadie las anuncie.

No hace falta un memorándum, un oficio o un correo con copia para todos.

Simplemente... un día sucede.

Uno llega, pone la mochila sobre el escritorio, prende la computadora y, mientras el sistema tarda una eternidad en iniciar, descubre que algo cambió.

No sabe exactamente qué, pero cambió.

En la oficina donde trabajo siempre ha habido personajes de todos los colores. Está el jefe que promete soluciones para la próxima semana desde hace tres meses. La secretaria que sabe la vida de medio edificio. Marianela, que pelea hasta con la fotocopiadora si hace falta. Taraceli, que sigue diciendo que no sabe cómo hacer las cosas aunque ya podría dar cursos sobre cómo evitarlas.

Y ahí estamos; Que si el tráfico, Que si el café parecía agua de calcetín, Que si el sistema seguramente había amanecido de malas, Siempre había algo.

A veces se discutía con alguien, A veces alguien se reía, A veces sucedían las dos cosas al mismo tiempo.

Ahora no.

Algo cambió.

Al principio se siente como si hubieras cambiado de realidad, o como si hubieras brincado a otro universo, pero luego entiendes, los días pasan y te das cuenta que hay cambios necesarios.

Lo curioso es que nadie pregunta demasiado.

En las oficinas somos expertos para enterarnos de quién cambió de celular, quién pidió vacaciones o quién anda estrenando coche.

Pero cuando algo cambia, curiosamente nadie llena ese reporte.

Algunos dicen:

—Han de tener broncas en la dirección.

Otros responden:

—Seguramente van a correr a alguien.

Y la vida sigue.

Como si las personas también fueran parte del mobiliario, y confieso que hay veces en las que me pregunto: ¿Qué hago aquí?, ¿porqué no busco algo más?

Pero debemos entender algo; no todas las batallas quieren espectadores, ni consejos, ni opiniones... solo tiempo.

Con el paso de los días también descubrí otra cosa.

Las relaciones en la oficina cambian igual que cambian las oficinas mismas, por ejemplo, remodelan y ya no te dejan pegar tus cartelitos y la pared se apaga. Si, se ve blanca y limpia... pero apagada.

Otra, un día tienes un jefe, al siguiente te enteras que se va, y no necesariamente porque exista un problema por ejemplo. A veces simplemente la vida pasa por encima de las personas y trae preocupaciones que nadie ve, problemas que no llegan en oficio, cansancios que no aparecen en la nómina y batallas que cada quien libra en silencio.

Eso sí...

El radio pasillo nunca descansa.

Y empiezan los cuchicheos y las teorías:

Que si se va a otro lugar, que lo corrieron por alguna razón, que si algo pasó.

Y la realidad es que nadie lo sabe, y siendo honestos, quizá tampoco nos corresponde saberlo.

Porque detrás del compañero o jefe que ves todos los días puede haber un padre preocupado, un hijo cansado, alguien que perdió una ilusión o simplemente una persona intentando mantenerse de pie sin hacer ruido.

Ahora entiendo que el trabajo no solo cambia escritorios, también cambia personas... algunas para bien, otras no tanto y otras para siempre.

Ahora solo levanto el vaso de café desde el escritorio mientras me lo chingo con un pan o una torta y curiosamente... eso también es una forma de decir "buenos días".

Porque en el mundo Godín, donde casi todo termina convirtiéndose en chiste, a veces necesitamos entender y comprender que no todo necesita una explicación.

Hay silencios que merecen el mismo respeto que las palabras.

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