miércoles, 1 de abril de 2026

Semana Santa en la vida godín: ¿descanso espiritual o ilusión corporativa?

Si eres godín de tiempo completo igual que Jorgito, sabes que el año laboral no se mide en meses… Se mide en puentes, quincenas y días festivos que no siempre son festivos.

Y entre todos ellos, hay uno que brilla con luz divina (o al menos eso creemos):

La Semana Santa.

Pero… ¿realmente es descanso? ¿O es otro espejismo patrocinado por Recursos Humanos?

¿Qué significa Semana Santa para un godín?

Para la gente normal: reflexión, vacaciones, familia.

Para un godín promedio: Una mezcla de esperanza, confusión y correos pendientes.

Porque en el mundo corporativo y de Gobierno en México, Semana Santa puede significar:

  • “Sí descansas… pero solo jueves y viernes”.
  • “Puedes faltar… pero deja todo adelantado”.
  • “No trabajas… pero estás disponible por si algo ‘urgente’ pasa”.

Traducción:

No estás trabajando… pero tampoco estás libre.

Los 3 tipos de godín en Semana Santa.

1. El ilusionado.

Desde enero ya está preguntando:

“Oye, ¿sí nos van a dar toda la semana?”

Spoiler: no.

Pero aún así pide días, se organiza… y termina trabajando el miércoles hasta las 10 pm.

2. El resignado.

Ya sabe cómo funciona esto.

No pregunta.
No espera.
Solo acepta su destino y dice:

“Al menos son dos días…”

Este godín ha visto cosas.

3. El desconectado (nivel leyenda).

Logra desaparecer completamente.

No contesta correos.
No responde WhatsApp.
No aparece en Teams.

Y el lunes regresa como si nada:

“Ay, no vi nada, estaba fuera de la ciudad.”

Este es el verdadero iluminado.

Los “beneficios” godín de Semana Santa.

Porque sí… en teoría hay beneficios.

1. Mini descanso mental.

Dos días pueden no parecer mucho, pero en modo godín equivalen a:

“reiniciar el alma… ligeramente”.

2. Menos tráfico (milagro moderno).

La ciudad se vacía y por fin experimentas:

llegar al trabajo en menos de una hora.

Una experiencia casi espiritual.

3. Oficinas fantasma.

Si te toca trabajar, al menos pasa esto:

  • Menos juntas inútiles.
  • Menos jefes vigilando.
  • Más chance de “hacer como que trabajas”.

4. Home office “flex espiritual”.

Algunas empresas aplican el clásico:

“Está bien, trabajen desde casa… pero pendientes”

Lo cual significa:

  • Estás en pijama.
  • Pero con ansiedad corporativa activa.

La cruda realidad (que nadie te dice).

Semana Santa en la vida godín no es descanso completo.

Es más bien:

una pausa controlada donde descansas… pero con culpa.

Porque siempre existe:

  • El pendiente que dejaste.
  • El correo que ignoraste.
  • El jefe que “seguro va a escribir”.

Reflexión godín (porque también somos profundos).

Semana Santa debería ser para desconectar, pero el sistema godín nos ha entrenado para:

sentir ansiedad incluso cuando descansamos.

Así que si este año tienes aunque sea un par de días libres:

  • No abras el correo.
  • No revises Teams.
  • No “solo cheques rapidito”.

Haz algo radical…

Descansa de verdad y que chingue a su madre la chamba por lo menos un par de días.

Conclusión: el verdadero milagro godín.

El verdadero milagro de Semana Santa no es tener vacaciones.

Es lograr esto:

Estar libre… y sentirte libre.

Y tú…

¿Qué tipo de godín eres en Semana Santa?

  • ¿El que pide días?
  • ¿El que trabaja resignado?
  • ¿El que desaparece como ninja corporativo?
  • ¿O El barbero del jefe que promete estar al pendiente?

Te leo en los comentarios… si es que no estás “fuera de la oficina”.



sábado, 7 de marzo de 2026

Las guerras godineras de Toñito.

Crónicas de oficina donde el café no es lo único que hierve.

¿Quien no ha sido testigo de las broncas y peleas de un compañero o compañera en la oficina?, gritos, habladas y más, y uno de espectador desde el escritorio. Vamos allá.

En toda oficina existe al menos un personaje que no busca problemas… pero tampoco los esquiva. Ese personaje, en nuestra oficina, es Toñito.

Toñito no es un hombre violento, o bueno, no tan violento. Es más bien un hombre con poca tolerancia a la estupidez laboral, lo cual, en el mundo godín, equivale prácticamente a tener una carrera en conflictos diplomáticos.

Jorgito ha sido testigo de varios de esos episodios, algunos memorables, otros absurdos, todos completamente godínez.

Estas son algunas de las batallas más recordadas del historial bélico de Toñito.


La guerra con Don Lazarito, el señor de la limpieza.

Don Lazarito era un señor mayor, encargado de la limpieza del edificio.

El problema era que, según Toñito, su rutina laboral consistía en tres actividades principales:

  1. Dormir.

  2. Dormir sentado.

  3. Dormir parado, apoyado en la escoba.

Un día, después de varios roces, ocurrió el famoso encontronazo, dimes y diretes después de lo cuál, Don Lazarito fue a buscar a un encargado.

Minutos después, Don Lazarito apareció acompañado de un encargado.

—Ahí está —dijo Don Lazarito señalando a Toñito—. A ver, dígale.

El encargado miró a Toñito.

—¿Qué pasó?

Toñito, fiel a su estilo, no se guardó nada.

—Pues que el señor se la pasa dormido en lugar de limpiar.

Don Lazarito se defendió como pudo:

—¡No es cierto! ¡Lo que pasa es que usted llega tarde a abrir la oficina y por eso se atrasa todo!

Jorgito recuerda que el ambiente se puso tenso.

Toñito ya estaba listo para responder… pero en ese momento Don Lazarito empezó a agitarse visiblemente, como si estuviera a punto de darle algo.

Y Toñito, aunque peleonero, tampoco quería cargar con un infarto en su historial.

Así que simplemente dijo:

—Bueno… ya déjelo así.

Primera guerra godín: suspendida por posible chiripiorca.


El incidente del diablo con Isabel.

Esta pelea es una de esas historias que nadie vio completa, pero todos conocen el final.

El objeto del conflicto: un diablo, sí, de esos para cargar cajas.

Según cuentan, Isabel llegó con tono de mando:

—Oye, necesito que me prestes el diablo.

Toñito levantó la mirada.

—¿Perdón?

—Que me lo prestes.

—¿Y tú quién eres para ordenarme?

Ahí empezó el intercambio.

Las voces subieron de volumen, los testigos empezaron a voltear.

—¡Mi jefa lo quiere!

—¡Que venga tu jefe a pedirlo!

—¡No es tuyo!

—¡Ni tuyo!

El final fue diplomático en el sentido más godín del término:

—¡Vete al carajo!

—¡Tú también!

La disputa del diablo quedó registrada en el recuerdo como la pelea más absurda de la oficina.


El caso del recado olvidado con Gusanita.

Un día, el teléfono sonó.

Toñito contestó.

—Oficina.

Era un recado para Gusanita.

Toñito lo anotó… y luego lo olvidó.

Días después, Gusanita apareció con cara de tormenta.

—¿Que te dejaron un recado para mí?

Toñito pensó unos segundos.

—Ah… sí. Perdón, se me olvidó.

Silencio incómodo.

—¿Y por qué no me lo diste?

Ahí empezó la guerra.

—Porque se me olvidó y además, no soy mensajero de nadie.

—¡Te caigo mal y por eso no me dijiste!

—Para la otra estate en tu lugar y contesta tú.

—¡Le voy a decir a la jefa!

—¡Dile a quien quieras!

Los dimes y diretes volaron como papeles en ventilador.

Jorgito, desde su escritorio, solo pensó:

"Todo esto por un recado."


La secretaria macheteadora.

Esta historia tiene uno de los finales más surrealistas del archivo godín.

Toñito fue enviado a entregar unos listados.

Llegó con la secretaria de una directora.

—Me dijeron que trajera estos listados.

La secretaria ni volteó.

—Ahorita no.

—Me dijeron que los entregara.

—Te dije que ahorita no.

—Pues te los dejo.

—Hasta que yo quiera recibirlos.

Error.

Toñito dejó caer los listados en el escritorio.

Ahí te los dejo.

Y se fue.

Pero el asunto no terminó ahí.

Minutos después, cuando Toñito ya salía del edificio, la secretaria lo alcanzó.

—¿Por qué me aventaste los listados?

—Porque no te voy a estar esperando.

—¡Le voy a decir a la directora!

—Dile a quien quieras.

Y entonces vino la frase que nadie esperaba.

—¡Le voy a hablar a unos primos que tienen machetes!

Toñito no se inmutó.

—Pues háblales.

La guerra terminó ahí y hasta hoy, nadie sabe si los primos existían.


La guerra con el gordo jerárquico.

En otra ocasión llegó a la oficina un sujeto de mayor jerarquía, Un gordo para variar, hermano de otro gordo.

El motivo exacto del conflicto se perdió en la memoria institucional, pero lo que sí quedó registrado fue la frase histórica.

El gordo dijo:

—¿Dónde se ha visto que las gallinas de abajo caguen a las de arriba?

La oficina quedó en silencio.

Toñito respondió sin pensarlo:

—¿Y dónde dice que no se puede?

El ambiente se electrificó.

Palabras fueron.
Palabras vinieron.

Por unos segundos, todos pensaron que se iban a agarrar a chingazos.

Pero al final quedó en intercambio verbal.

Y otra batalla más para el expediente.


Conclusión.

Toñito no busca problemas.

Pero en la oficina, los problemas parecen tener un GPS con su nombre.

Entre señores de limpieza, secretarias, compañeras, jerarquías dudosas y diablos prestados, su historial es largo.

Jorgito lo observa todo desde su escritorio, galletas en mano, y ha llegado a una conclusión muy clara:

En la vida godín hay dos tipos de personas:

  1. Los que evitan conflictos.

  2. Toñito.

Y gracias a eso, la oficina nunca es aburrida.



jueves, 29 de enero de 2026

Remodelación temporal (traducción: ya valió).

Manual práctico para que el godín entienda que ya no regresa.

Si alguna vez en tu vida laboral alguien te dice:

“Es un cambio temporal”.

no preguntes cuántos díaspregunta qué día vas a dejar de existir en el organigrama.

Eso fue exactamente lo que le pasó a Jorgito y compañía.

Capítulo 1: El anuncio que nadie pidió.

Fabirú, el jefe que cayó del cielo como error administrativo, apareció con su sonrisa de “yo tampoco pedí este puesto” y soltó la bomba:

“Van a remodelar el área”.
“Pero tranquilos, son tres días.

Tres días.
La mentira más vieja del mundo corporativo, justo después de “te hablamos”.

Jorgito entendió inmediatamente que esos tres días venían medidos en meses fiscales, Toñito entendió que algo iba a salir mal, Marianela entendió que había que pelear y Taraceli no entendió nada, pero ya estaba encabronada.

Capítulo 2: La inflación godín del tiempo.

Al tercer día, Fabirú aclaró:

“Bueno… una semana”.

A la semana:

“Máximo dos, eh”.

Para la segunda semana, Radio Pasillo ya había publicado su boletín especial:

  • “Los de Jurídico llevan un mes fuera”

  • “A los de del pasillo de allá, ya les reasignaron lugar”

  • “Ya quitaron los contactos del área vieja”

Jorgito empezó a aceptar que su antiguo lugar tendría nuevo dueño, Toñito empezó a planear discusiones imaginarias, Marianela ya estaba en modo revolución y Taraceli seguía diciendo que no le gustaba el nuevo espacio, mientras pensaba como bloquear la visión hacia su monitor para que nadie se de cuenta de que solo se la pasa viendo videos y páginas de compras.

Capítulo 3: El área maldita.

El destino final tenía una falla estructural: EL WEY ESE.

Un tipo alto, de edad confusa, con alma de supervisor frustrado y mirada juzgadora de mingitorio.

Ya había antecedentes con Toñito:

  • Comentarios innecesarios.

  • Gestos de asco.

  • Silencios pasivo-agresivos frente al espejo.

«EL WEY ESE» lanzando actitudes y expresiones indirectas en el baño.
“Al baño vienen todos” —respondía Toñito—, “Si no te gusta, que te hagan uno privado”.

O sea, Diplomacia nivel Naciones Unidas, pero con jabón líquido barato, o mejor dicho, sin jabón en el baño.

Capítulo 4: El frente guerrillero.

Marianela entró en modo “esto es una injusticia histórica”.
Preguntó todo.
Cuestionó todo.
Se quejó con fundamentos.

Porque Marianela es guerrillera… pero sí trabaja.

Y luego estaba Taraceli.

Taraceli es guerrillera también, pero sin la parte útil.

“Yo no sé trabajar”.
“Eso no me corresponde”.
“A mí nadie me explicó”.

Taraceli no sabía, nunca sabía y curiosamente, nunca aprendía.

Capítulo 5: Liderazgo de cartón.

Fabirú seguía firme, como buen barbero:

“Pues ya ni modo”.
“Hay que adaptarse”.
“Es lo que hay”.

El mismo Fabirú que:

  • Inició el rumor.

  • Nunca confirmó nada.

  • Nunca defendió a nadie.

Un líder nato… de sí mismo.

Y encima de todo el puto desmadre, El Míster.

Director.
Conocedor del sistema.
Desconocedor absoluto del presupuesto, la logística y la realidad.

“Es que nos dijeron que ahí ” —decía para convencerlos del cambio.
“Yo ya hice movimientos en el sistema” —aunque nadie supiera cuáles y aún sabiendo que le estaba dando en la madre a algo.

Hace.
Deshace.
No resuelve.

Pero su tono es mamoncillo, así que cuenta como liderazgo.

Epílogo: La verdad absoluta.

Jorgito lo entendió todo cuando escuchó que Fabirú dijo: «Que ya nos podemos empezar a cambiar», sabe que no será una remodelación... Será un exilio administrativo... pero eso los demás no lo entienden.

Porque en el mundo godín:

  • Temporal significa “hasta que te acostumbres”.

  • Provisional significa “para siempre”.

  • Ya ni modo es la política institucional.

Jorgito suspiró.
Toñito apretó los dientes.
Marianela siguió luchando.
Taraceli siguió sin saber.

Fabirú…
Fabirú quedó bien con todos, excepto con la verdad el muy cabrón.

Y El Míster...
Ese Míster que solo recorre los pasillos para hacerse pendejo, preguntar pendejadas para que crean que sabe y pensar en como resolver algo y si no puede, aventarle el pedo a Jorgito.


¡VIVA EL MUNDO GODÍN!

domingo, 4 de enero de 2026

Inicio de año y regreso a actividades: cuando el “Feliz Año” dura menos que el aguinaldo.

El inicio de año no llega solo. Llega con Jorgito, con Toñito, con la compañera que ya está cansada desde el lunes y con el jefe que dice “vamos con todo” sin especificar qué.

El regreso a actividades no es un regreso… es una reunión forzada entre gente que no se vio, pero tampoco se extrañó.

El primer día: llegan todos, menos las ganas.

Jorgito llega, no por entusiasmo, sino porque el transporte todavía no se ha descompuesto del todo.

Toñito llega temprano, con su mochila, su cara de hueva y la pregunta obligatoria:

—“¿También sentiste que las vacaciones duraron como tres horas?”

La respuesta es siempre la misma:

—“Sí”.

El café inaugural del año.

El café de inicio de año no se toma: se abraza.

Toñito lo sostiene con ambas manos como si fuera un objeto sagrado, lo huele.

Ese café sabe a:
  • Regreso.

  • Tráfico.

  • Excel.

  • Renuncia no presentada.

A eso hay que añadir a la compañera de enfrente, la que llega más o menos a la misma hora que Toñito, pero cabeceando en su lugar a pesar de ir llegando apenas. Parece que las vacaciones no le sirvieron de nada.

Las conversaciones incómodas de Enero.

En la oficina se escuchan diálogos automáticos:

—“¿Qué tal las fiestas?”

—“Bien, tranquilas.”
(mentira colectiva)

Jorgito asiente, Toñito agrega:
—“Yo ni descansé”.

Nadie pregunta más, porque nadie quiere detalles. Solo quieren que den las once para el siguiente café o mejor aún, las tres para irse a casa.

El trabajo que “se quedó pendiente”.

El sistema prende, El correo se abre, Toñito ve 86 mensajes no leídos.

Toñito dice:

—“Seguro son puros correos de feliz año”.

No, no lo son.

Son pendientes y urgencias que nadie hizo mientras él no estuvo y el clásico:

“Retomando el tema que dejamos pendiente antes de vacaciones…”

Ese tema que ya nadie recuerda, pero ahora es prioridad nacional.

Propósitos laborales que no sobreviven a la semana.

Jorgito se prometió:

  • Ser más organizado.

  • No enojarse.

  • Comer sano.

Y tan solo ejecutar y no pensar que para eso, están los pinches jefes.

«Si el jefe piensa pendejadas, yo solo ejecuto, y me vale madre».

Toñito prometió tan solo esperar y ver como todo se va a la chingada comenzando el año.

Aunque la verdad es que, para el miércoles:

  • Ya están comiendo pan.

  • Ya están estresados.

  • Ya están contando los días para el siguiente puente.

Y el sistema godín vuelve a su equilibrio natural.

Conclusión.

Así inicia el año:

con Jorgito, con Toñito y con todos regresando a su lugar como si nunca se hubieran ido.

El inicio de año no trae motivación, trae café, resignación y una nueva carpeta llamada “Oficios 2026”.

Y aunque nadie lo diga en voz alta, todos piensan lo mismo:

“Puta madre, a ver como nos va este año.”

Bienvenidos de nuevo, el teclado los esperaba, el café y el estrés también.

¡GODINEZ POR SIEMPRE!



jueves, 25 de diciembre de 2025

Año Nuevo: el invento milenario para hacernos creer que ahora sí vamos a cambiar.

Cada 31 de diciembre, sin falta, el godín promedio hace exactamente lo mismo:

Rrevisa su WhatsApp, manda mensajes genéricos, brinda con algo que no sabe si es sidra o refresco con complejo de sidra… y jura solemnemente que “el próximo año todo será diferente”.

Pero…

¿alguna vez te has preguntado de dónde salió esta costumbre del Año Nuevo?

¿Quién fue el genio que dijo: “vamos a dividir el tiempo y a fingir reinicios”?

Spoiler: no fue Recursos Humanos, pero bien podría haberlo sido.

🕰️ ¿Cuándo se inventó el Año Nuevo?

El festejo de Año Nuevo no es moderno, aunque los memes digan lo contrario.

Los primeros registros vienen de Mesopotamia, hace más de 4,000 años.
Los babilonios celebraban el inicio del año con un festival llamado Akitu, que duraba 11 días (sí, once… el verdadero sueño godín).

El año nuevo comenzaba en primavera, porque:

  • Había cosechas

  • Había esperanza

  • Había futuro

Nada que ver con el 31 de diciembre a las 11:58 p.m. mirando el reloj con ansiedad laboral.

👑 ¿Quién “inventó” el Año Nuevo el 1 de enero?

Aquí entra un viejo conocido de la historia: Julio César.

En el año 46 a.C., Julio César dijo básicamente:

“Esto del calendario está mal organizado, como junta de lunes.”

Y creó el calendario juliano, estableciendo que el 1 de enero fuera el inicio del año, en honor a Jano, el dios romano de:

  • Las puertas.

  • Los comienzos.

  • Los finales.

  • Y probablemente de los lunes sin café.

Desde entonces, el Año Nuevo se convirtió oficialmente en:

“Una nueva oportunidad… aunque sigas siendo el mismo.”

🎯 ¿Con qué propósito se celebra el Año Nuevo?

En teoría, el propósito es renovar, reflexionar y empezar de nuevo.

En la práctica godín, sirve para:

  • Prometer que ahora sí:

    • Vas a ahorrar.

    • Vas a ir al gym.

    • Vas a llegar temprano.

  • Cambiar de agenda… pero no de hábitos.

  • Estrenar calendario mientras sigues odiando los Lunes.

  • Fingir control sobre el caos de la vida laboral.

El Año Nuevo no borra errores, pero los archiva en una carpeta llamada “Año pasado”.

🥂 El Año Nuevo en la vida godín.

Para el mundo godín, el Año Nuevo tiene significados muy específicos:

  • Es la pausa emocional antes de:

    • El cierre fiscal.

    • La cuesta de Enero.

    • El regreso a la oficina con cara de “¿ya?”.

  • Es cuando Recursos Humanos manda un correo diciendo:

    “Que este nuevo año esté lleno de éxitos”...

    (sin especificar para quién).

  • Es cuando el godín se promete ser mejor persona…
    hasta que suena el despertador el 2 de enero.

🤹 Tradiciones de Año Nuevo (interpretadas por un godín).

  • Las 12 uvas:
    Doce deseos que se olvidan antes de terminar la docena.

  • La ropa interior de colores:
    Porque claramente el éxito financiero depende del color del calzón y en algunos lugares dicen que también de la marca; las más conocidas: Rimbros o Trueno (a menos que compres de los de paca y sin marca en el mercado y que parecen bikini de hombrezuelo).

  • Barrer la casa:
    Limpias energías… pero no correos pendientes.

  • La maleta:
    Simulas viajes que tu salario no ha autorizado.

🧠 Año Nuevo: serio pero real.

Históricamente, el Año Nuevo representa:

  • Ordenar el tiempo.

  • Marcar ciclos.

  • Darle sentido al paso de los años.

Humanamente, representa:

  • Esperanza.

  • Autoengaño funcional.

  • Un respiro psicológico necesario.

Y godínmente hablando:

Es el botón de “reiniciar sistema” que tarda tres días hábiles en fallar.

🎆 Conclusión:

El Año Nuevo no lo inventaron para cambiarte la vida, lo inventaron para recordarte que sigues vivo y avanzando, aunque sea con café frío y el sistema abierto.

Así que brinda, descansa, ríete un poco… porque el calendario cambia, pero el godín evoluciona lentamente.

Y eso también está bien.



martes, 2 de diciembre de 2025

La Depresión Navideña: Ese Villano Silencioso del Mundo Godín.

Ah, la Navidad. Esa época donde todo es alegría, lucecitas, intercambios ridículos de regalos de 150 pesos y recordings de Luis Miguel en loop eterno. Pero, para muchos, también es la temporada donde algo raro se siente en el alma… una especie de bajón emocional que llega sin permiso, se instala como compañero de cubículo y todavía exige que lo invites al convivio: la depresión navideña.

Sí, esa misma que aparece cuando ves que todos están felices decorando la oficina mientras tú apenas sobrevives al cierre anual. Esa que se asoma cuando la quincena se fue en regalos, pagos, recargos y una mugrosa esfera navideña que compraste porque “se veía bonita”. Y la peor parte: esa que nadie menciona porque, según el manual godín no escrito, todo Diciembre debemos ser felices por decreto.

¿Por qué ocurre?

Porque somos humanos, básicamente. Pero como godines, somos humanos con estrés crónico, sueño retrasado y 8 reuniones que pudieron ser un correo, así que el combo es aún más explosivo.


La depresión navideña nace de varias cosas:

Comparaciones inevitables: la gente presume familia perfecta, vacaciones a la playa, y tú apenas tienes saldo para un Nescafé.

Expectativas sociales exageradas: “¡Sonríe! ¡Es Navidad!”… mientras revisas que tu aguinaldo ya se fue en pagar la tarjeta.

Nostalgia: recordar lo que fue, lo que no fue… y lo que ya no va a ser porque Recursos Humanos no autoriza vacaciones hasta febrero.

Cierre del año: ese recuento involuntario donde te das cuenta de que solo cumpliste el 27% de tus propósitos y el resto están archivados como “pendientes”.

¿Se da también en el mundo godín?

Por supuesto. El mundo godín no solo es propenso: es terreno fértil.

Aquí la depresión navideña tiene sus propios rituales:

Mirar el calendario y preguntarte: “¿cómo chingados ya es diciembre?”

Sentir culpa por no tener espíritu navideño mientras decoras el cubículo con materiales reciclados del año pasado.

Tener que aguantar al compañero que sí está feliz (demasiado feliz, ya sospechoso), y que desde el 1 de diciembre manda stickers de Santa Claus a todos los chats corporativos.

Ese mini trauma al recibir tu aguinaldo y sentir alegría por 30 minutos... antes de que la realidad financiera te regrese un zape.

¿Cómo se manifiesta?

Como godín, la depresión navideña no se presenta llorando en el baño (bueno, a veces sí), pero también se ve así:

Necesidad urgente de hibernar hasta enero.

Comer más panqué del necesario “porque pues ya, diciembre”.

Mirar la piñata del convivio como si fuera responsable de tus decisiones financieras.

Querer mandar a la goma la posada, pero no poder porque hay rifa de licuadora.

Suspender momentáneamente la dieta y la dignidad.

Llegar a la oficina con la mirada perdida, cuestionando tu existencia mientras alguien grita: “¡Faltan 13 días para Navidad!

En conclusión.

La depresión navideña existe, también entre tazas de café, reportes atrasados y godines que ya solo funcionan por inercia. Pero es normal, es humana, es parte del cierre del año.

No hay que fingir felicidad porque sí. Si te pega, date chance. Respira. Escribe. Camina. Llora si quieres. Ríete si puedes. Y recuerda esto:
En el peor de los casos… enero va a estar peor.

Pero tú eres godín: si sobreviviste todo el año, ya estás entrenado para lo que venga.

Semana Santa en la vida godín: ¿descanso espiritual o ilusión corporativa?

Si eres godín de tiempo completo igual que Jorgito, sabes que el año laboral no se mide en meses…  Se mide en puentes, quincenas y días fest...